El Significado de la Soledad - Parte 1
por Lina Maria
Algún dia de Octubre 1999
Una vez mas me encuentro a solas en mi apartamento. Estoy sola, pero extrañamente no me siento triste. He aprendido a disfrutar de mi propia compañia. Después de vivir en medio de otras personas, de sentirme como una intrusa en la vida de otros, es bastante refrescante, poder llamar a este pequeño lugar, mio. Cuando llego del trabajo, me quito los zapatos y me recuesto en mi sofá. Un sofá que pude comprar después de ahorrar varias semanas y de tener que sentarme en el piso con cojines. Prendo entonces mi televisor, el cual me costó bastante sacar de la casa de mi "amiga". Quiero perder mi intelecto en una insulsa novela mejicana, que no por falta de profundidad es menos efectiva para hacerte olvidar la realidad. Mientras tanto, en el horno microondas caliento un poco de arroz con fríjoles que me sobró del fin de semana. En el justo momento en que el tipo le iba a dar el beso a la heroina de la novela, llegó la mala y los sorprendió. Ah! porque siempre es así. La mala siempre es aguafiestas, caprichosa, intrigante, agobiante, venenosa, etc. etc. La mala es maldad pura, mientras que la buena es tan buena que siempre perdona a la mala... blah! Que estupidez! nadie es absolutamente malo, ni absolutamente bueno, todos tenemos razgos de villanos y de héroes. Mejor me voy a comer mis fríjoles.
Mas tarde en mi cuarto, me pongo a plasmar mis pensamientos en mi diario para no perder la costumbre de escribir. No tengo teléfono, porque mi "amiga" se encargó de empañar mi crédito al no pagar la cuenta del celular que sacó a mi nombre. Tuve que dejar esa cuenta sin pagar por unos meses, porque no tenía 500 dólares en mi bolsillo. Mis opciones de recibir ese dinero de ella eran nulas y yo no iba a dejar que por su culpa se me dañara el crédito por 7 años. Todos los dias pienso en lo estúpida e ingenua que fuí al creer que era mi amiga y confiar en su honestidad. Gente como ella abundan en el mundo y en Nueva York existe una gran comunidad de estafadores que se aprovechan de la buena voluntad de los que tienen el alma limpia. Esa amiga no fué la única, el mismo amigo que me ayudó a sacar el televisor de la casa de ella, tambien era uno de esos, pero el tenía otras intenciones. La situación para el si fue más difícil, porque llegó un mes muy tarde y ya se me habían caido los lentes color rosa. No creo que le quedaron ganas de volverse a meter con una colombiana... A estas alturas ese pobre debe pensar que todas somos igual de difíciles y ariscas.
Me gustaría poder coger el teléfono y llamar a mi mamá o mi amiga Adriana. Necesito a alguien con quien hablar, pero el teléfono no me lo colocan hasta la próxima semana. Apago las luces para ir a dormir. Atravez de la persiana puedo ver la sombra de un árbol y me volteo al otro lado porque me da miedo. Pero la sombra está también en la otra pared de mi cuarto. Despues de rezar un par de oraciones en la penumbra, por fin me puedo dormir. Al dia siguiente, el despertador suena muy puntual a las 7 de la mañana, recordándome que debo levantarme para ir a trabajar. Pienso en las mil y una excusas para no hacerlo, pero no tengo a quien inventarle las excusas y si no voy a trabajar no me pagan. Si no me pagan, no puedo pagar mis cuentas, si no pago mis cuentas pierdo lo poco que he conseguido. Entonces a regañadientes me levanto y al caminar soñolienta me tropecé el dedo chiquito del pie contra la pata de hierro del soporte del colchón. El dolor fué tan intenso que hasta me salieron lágrimas y no tenía a quien decirle lo HP que era esa cama. Me meto al baño y alli descubro que no hay agua caliente y aunque no es invierno aún, está haciendo frio de otoño. Como no soy capaz de ir al trabajo sin bañarme, abro el grifo y sin pensarlo me meto de pecho en frente a la ducha helada. Mi grito aterrador debió despertar a los vecinos de arriba, de abajo y de la cuadra. Que vida cruel, ahora como hago para que el dueño del apartamento me arregle el agua caliente?
Me encantaría desayunar con arepa y mantequilla, pero las arepas que venden aquí son muy duras y me hacen extrañar las arepas de la señora de la esquina cerca de la casa de mi tia en Pereira. A cambio me como un bagel con queso crema y tomo un poco de jugo de naranja. Salgo para el trabajo y me despido de mi pequeño refugio. Adiós pequeño apartamento nos vemos mas tarde, bien tarde. Me voy a enfrentar a las fieras de la selva laboral. Me subo a mi chatarra Dodge Spirit 94 y rezo para que se encienda. Gracias a Dios! prendió!!! Ahora comienza la lucha diaria del tráfico matutino. Llego a mi trabajo una hora después, con la cara desencajada y los nervios de punta. Animales! son todos unos animales!
Comienzo un arduo dia de trabajo que consiste en manejar una partida de inútiles asistentes de oficina que se creen las dueñas de la oficina, un gerentucho que se cree Napoleón Bonaparte con acento árabe y un grupillo de asistentes de terapia que se creen fisio terapeutas. Mucho capitán y poco marinero. Cooperación no está en su léxico. Aquí lo único que se produce es veneno. Los dueños mismos son una partida de víboras. Aún no se como fué que caí en este lugar, me siento atrapada como un hamster en una jaula, corriendo en una rueda que no me lleva a ningún lado. Este fué mi primer trabajo real, aquí aprendí muchas cosas y he avanzado algo, pero creo que llegué a un callejón sin salida. Debo salirme de aquí lo antes posible. No me aguanto mis compañeras de trabajo, son todas unas arrabaleras del ghetto a mas no poder. Detesto al hermano del dueño, el gerentucho de la oficina que se cree mas grande que Dios mismo y trata a las mujeres independientes como una basura. Me siento explotada, subestimada y mal pagada... Debo buscar un nuevo trabajo, pero no tengo experiencia, no terminé mis estudios y no sé por donde empezar a buscar o a que aplicar.
Durante mi almuerzo, me siento en el área de descanso para comer, pero bruscamente me interrumpe Mohammed (el gerentucho) para decirme que tengo una llamada urgente. Me sorprende que me venga a buscar, no solo porque hace énfasis en no aceptar llamadas personales a ningún empleado, si no porque a mi nadie me llama. Cogí el teléfono y era mi tia. Mi tia es una mujer bastante difícil y tenemos una relación muy complicada, pero su tono me asusta y lo único que puedo pensar es que algo horrible pasó. No me quiso decir nada y solo me pidió que llamara a mi mamá cuando saliera del trabajo. Su urgencia me dejó aterrada. Me imaginé lo peor. Mi papá, mi hermano, mi mamá, mi abuelita ¿Alguien se murió?
Esa noche fuí a la casa de una amiga que me ofreció su teléfono para que llamara a Colombia. Al hablar con mi mamá, no pude esperar para saludarla después de dos meses sin hablar con ella y le pregunté ¿Que pasó? Mis sospechas se hicieron realidad y sentí como el corazón se me fué cayendo hasta los pies. Mi abuelita se murió y ya la enterraron.
Esta triste noche en la soledad de mi apartamento en mi habitación, no puedo dejar de llorar. ¿Abuelita porque te fuiste sin despedirte? ¿Acaso te molestaste por que no volví a escribir o llamar? Quiero que sepas que nunca pasó un dia sin que te tuviera presente en mis pensamientos. Como quisiera poder devolver el tiempo y apretarte una vez mas entre mis brazos. La imagen aterradora de perder a todos mis seres queridos me hizo muy conciente de la magnitud de mi soledad. En este preciso instante cuando necesito un abrazo, un amigo, un consuelo, no tengo a nadie. Lloro mas de angustia que de tristeza. Me siento como una perra flaca deambulando las calles, sin dueño, hambrienta y mal herida. Si me hecho en este rincón a morir, aquí se seca mi cadaver sin que me entierre nadie. Abuelita, ven por mi!
Continuará...
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El Regreso
por Lina Maria
Al llegar al aeropuerto de New York eran casi las 10 de la noche. Tenía la esperanza de que la amiga con quien vivía me estaría esperando. Pero, para ponerle una nota mas dramática a un dia cargado de emociones y tristezas, nadie me estaba esperando. Después de gastarme casi todos mis ahorros en mi viaje a Colombia, solo me habían quedado 10 dólares en el bolsillo y unas cuantas monedas. Con las monedas traté de comunicarme con mi amiga infructuosamente. Pensé en llamar a mi única tia, pero mis relaciones con ella no eran las mejores y decidí que mejor no la llamaría. Decidí que iba a tomar un taxi, pero sabía que con 10 dolares no me llevaban ni a la esquina. Fuí al cajero automático, contando con que me habrian depositado el cheque de la última quincena antes de irme. Sin embargo, al consultar el saldo de mi cuenta, con horror y desesperación supe que estaba en ceros. Sin plata, sin amigos, sin familia y sin planes, me senté a llorar en una de las sillas metálicas de espera en el aeropuerto. Perdida entre un mar de gente que llegaba a encontrarse con sus seres queridos. Entre besos y abrazos todos eran recibidos, mientras yo estaba completamente sola. Mas sola que nunca.
Después de limpiarme las lágrimas y componerme un poco la ropa, me dirigí a uno de los taxistas esperando en la línea. Le pregunté que cuanto valía un viaje a Westchester county y me dijo que mínimo 50 dólares. Traté de imaginarme como pedirle a ese hombre que me llevara por solo 10 y supe la respuesta sin preguntar. Mirando a mi alrededor, tratando de encontrar una cara amable entre los taxistas de la línea, me dirigí al que parecía colombiano. En mi desolación solo imaginaba que en Colombia algo asi nunca me pasaría. Mis amigos o mi mamá me esperarían en el aeropuerto y si no, muy seguro encontraría un taxista de buen corazón. Pero en New York, las cosas eran muy diferentes, mi mamá y mis amigos no estaban ahí y los taxistas de buen corazón no existen. El hombre al que me dirigí no era colombiano por supuesto, si no Puerto Riqueño, lo cual supe al escuchar su acento cuando me dijo que por 10 dolares, nadie me llevaba. Miré entre mis pocas pertenencias al alcance de la mano, para ver que podía intercambiar para que me llevaran a mi destino. Lo único que se me ocurrió fué mi barato reloj y el taxista solo pudo reirse... Pero eso vale menos de 10 dólares! me dijo. Entonces, en un arranque de desesperación, y viendo que el aeropuerto comenzaba a verse mas vacio y con la inminente posibilidad de tener que dormir en una banca del aeropuerto, me quité el anillo que mi mamá me habia regalado para mi cumpleaños número 15. Se lo mostré al taxista y le dije, este anillo vale mas de 50 dólares, tine un valor sentimental calculado por años de feliz infancia y amor maternal. El taxista sin corazón, tomó el anillo de mis manos y mirándolo como tratando de adivinar su peso en oro, me dijo, súbase que yo la llevo.
Mientras recorría las calles vacias de New York y las anchas avenidas brillantemente iluminadas, mis mejillas estaban mojadas de llorar. En mi mente corrían rápidas imágenes que mezclaban momentos de infancia y del dia anterior. Al llegar a la casa donde vivía con mi amiga y su familia, recé para que me abrieran la puerta, porque no tenía a donde ir y el taxista no esperó para que me abrieran la puerta. Simplemente sacó mi maleta de su maletero, se metió en el carro y se fué. Al tocar la puerta dos veces esperé por casi 10 minutos, no hubo respuesta. Esta vez, con absoluta certeza de que adentro debían estar mi amiga y su esposo durmiendo, toqué la ventana de su dormitorio. Esta vez su esposo me abrió la puerta soñoliento, pero sin saludarme me dejó entrar y se volvió a meter a su cuarto, cerrando la puerta tras de sí.
Nunca me sentí mas desolada en mi vida. Jamás me imaginé que a mi regreso iba a ser tratada como persona non-grata. En mi cuarto donde aún tenía mis cosas, y en mi cama, donde aún tenía mi almohada, estaba durmiendo el hermano de mi amiga. Me dirigí a la sala y cansada de llorar me tieré en el sofá. Incómoda, sin cobija, sin almohada y sin nadie en el mundo, me dormí hasta el otro dia. En la mañana mi amiga me saludó friamente, como si yo no hubiese llegado de un largo viaje la noche anterior. Aún hoy no se que fué lo que le hice a ella y a su familia, aparte de aportarles 200 dólares semanales para la vivienda y mi crédito para que pagaran sus celulares. Tal vez se imaginó que yo no iba a volver y no esperaba verme de nuevo. Pero su frialdad para conmigo me hirió hasta un punto, pero mas que todo me endureció, dándome la oportunidad de verla por lo que realmente era. Una mala amiga, una desconocida oportunista que ya no tenía uso para mi.
El recibimiento en mi trabajo fué peor o igual de frio al de mi amiga. Al llegar fuí puesta al tanto de sucesos que occurrieron durante mi ausencia. Durante el mes en que estube en Colombia, mis detractores se inventaron que yo tenía un "amorío" con uno de los doctores, por lo cual yo lo había ayudado a ganarse un concurso. Había sido un concurso estúpido que hicieron en la oficina, en la cual el empleado que refiriera mas pacientes durante el mes se ganaba un televisor de 42 pulgadas. Por supuesto, yo no estube ahí para defenderme de semejante patraña y se aprovecharon de mi ausencia para dispersar el rumor de mi supuesto affair. Como no tenía experiencia en ninguna otra cosa y no sabía como buscar otro trabajo, me aguanté la humillación. Mi objetivo principal era buscar un apartaestudio que estuviese a mi alcance y comenzar a trabajar en mis habilidades para buscar otro trabajo. Un mes después logré mi primer objetivo.
En mi trasteo mi "amiga" trató de aprovecharse de mi nobleza una vez mas y me pidió que le dejara mi televisor. Como yo no tenía ánimos de pelear y no tenía quien me ayudara a mover el televisor accedí. Llegué a mi apartaestudio con solo mi ropa y unos cuantos trastos regalados. No tenía cama, no tenía mesa, ni donde sentarme. En mi cuarto había un colchón tirado en el piso. Mi apartamento estaba tan vacio como mi alma...
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Perder el Avión...
por Lina Maria
Mi regreso a Colombia rápidamente se convirtió en una desilusión tremenda de mi misma. La confianza y la seguridad que creí haber encontrado se esfumaron tan pronto lo tuve enfrente mio. Me sentí igual de vulnerable e indefensa ante su poder sobre mi como antes. En un segundo deshice lo que me tomó tres años construir.
Esa recaída me costó bastante, pero creo que fue necesaria. Cada error cometido es una lección de vida sin la cual es imposible avanzar y crecer como persona. Sin embargo yo estaba convencida que yo ya había aprendido la lección y que no era necesario volver a tropezar de nuevo con la misma piedra. Por supuesto me equivoqué...
Juangui no cambió porque yo tampoco cambié. Lo único que cambió fueron la distancia y las circunstancias. Yo me fuí pero no lo dejé a el. El regresar me puso de nuevo en el mismo lugar y las mismas condiciones. Es como si todo se hubiese quedado en suspensión animada en esos 3 años.
Cuando Juangui me dijo que tenía una novia desde hacía cinco meses, mi primera reacción fué la de abofetearlo, pero aparentando una frialdad que no poseo le dije "Ay Juangui, tu no cambias". Debí abofetearlo, debí echarlo a la calle y darme mi lugar por primera vez. Pero mi otro yo, el yo que pretende saberlo todo y en realidad no sabe nada la embarró y le permitió una vez mas a Juangui pisotearme la dignidad.
En el mes de vacaciones que pasé en Colombia Juangui tuvo la oportunidad de dejarme plantada, de humillarme delante de mis amigas, mi mamá y mis tias y de una vez mas convertirme en la otra de la otra. Yo tuve la oportunidad de seguir siendo la misma idiota que se lo permitía y perdonaba todo.
La noche antes de mi viaje tuve la terrible pesadilla que había perdido el avión y que no había opción de regresar a los Estados Unidos. Ese sueño me perturbó tanto que hasta hoy mismo lo recuerdo. Ese sueño me dió la sensación de pérdida mas grande que jamás haya tenido. Sabía que perder ese avión de regreso significaba perder la oportunidad de seguir con el resto de mi vida.
Al otro dia cuando nos despedimos en el aeropuerto, yo sabía que esa era la última vez que vería a Juangui. Sin embargo le prometí que le iba a escribir y que iba a esperarlo. Hicimos planes de reunirnos en Estados Unidos y hacer una vida juntos... Yo sabía muy dentro de mi que esos planes jamás se convertirían en realidad. Le dí un último beso y una lágrima corrió por mi mejilla como la primera vez que nos despedimos. Corrí por el pasillo del aeropuerto para entrar a la sala de espera, quería escapar de el una vez mas.
El avión me trajo de regreso a mi vida...
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Perros no Arrepentidos
por Lina Maria

Hubo una época en la que cada noche me soñaba que iba de viaje en un tren. Al parar este en una estación yo me bajaba. Luego consternada descubría que el tren me había dejado. Otras veces en el mismo sueño, el tren no me dejaba, si no que tomaba el tren de regreso por equivocación. A veces el tren era substituido por un bus, pero siempre pasaba lo mismo. Lo más angustiante de este sueño es que no había manera de tomar de nuevo el tren o bus en el que viajaba originalmente. Todo lo que llevaba conmigo, mis pertenencias y los que viajaban conmigo se perdían para siempre. Me levantaba angustiada y se me dañaba el día... "¿Que significado tendrá este sueño?" Pensaba para mi misma. Mas adelante sabría lo que mi propio subconsciente me quiso advertir.
Antes de la muerte de mi abuelita, hice un viaje a Colombia. Un
viaje con regreso claramente planeado después de mas de tres años sin ver a los míos. Pedí permiso en mi trabajo para estar en Colombia un mes. Estaba feliz haciendo los preparativos para volver a ver a mi familia, mis amigos y… bueno, especialmente a
Juangui. El y yo mantuvimos correspondencia electrónica y el siempre decía estar "esperando" mi regreso, aunque el sabía perfectamente que yo no iba a regresar. Estaba ansiosa por experimentar mi nueva libertad enfrente de el. Quería mostrarle a el que yo no era la misma niña ingenua de la que el se aprovechó. Iba a enfrentar cara a cara al verdugo de mi pasado.
Mi regreso a Colombia fue todo un evento. Estaban todos esperándome en el aeropuerto. Estaban mis padres, mi hermano, mis amigas y el? No, el no estaba. Mi mamá me dijo que el la llamó para disculparse porque tenía que trabajar en su tesis de grado... Las alarmas comenzaron a sonar internamente y yo ya sabía que ese toro iba a ser difícil de lidiar. Este era un enemigo formidable de mi adquirido recientemente amor propio. Me prometí a mi misma que iba a mantener la compostura y a usar las armas que traía en la maleta para desterrar a los piratas de las buenas intenciones.
La misma noche del día de mi regreso, vino el. Recuerdo que sentí como si se me hubiese aparecido un fantasma. Sentí mucho miedo, pero a la vez mucha curiosidad. La curiosidad dicen que mató al gato, pero en este cuento, casi me mata a mi. Juangui lucía como la última vez que lo ví, tal vez un poco mas flaco, pero es posible que mi imaginación lo haya engordado con el tiempo. Creo que el me miraba a mi con la misma curiosidad. "¿Será la misma o ha cambiado?" Probablemente pensaba para si mismo. Yo estaba empecinada en demostrarle cuanto había cambiado, pero se me olvidó poner atención al hecho de si el había cambiado. La respuesta no se hizo esperar. Juangui me confesó que desde hacía 5 meses sostenía una relación mas o menos seria con una niña que estudiaba en la U. Católica y que por eso no había ido al aeropuerto, porque "ella estaba celosa"... Confieso que quise abofetearlo de nuevo, pero me aguanté y le dije "Hay Juangui, tu no cambias..." Lo triste del cuento es que en ese instante fue que me di cuenta que yo tampoco había cambiado... (Continuará)