Aprender a Amar
por Lina Maria
Haz Click en la fotografíaAmar definitivamente es un proceso de aprendizaje. Un proceso que puede durar meses y años y que te puede causar tremendas heridas que nunca sanan. Siempre andamos en la búsqueda de ese ser que nos complementará de la manera perfecta sin ser perfectos. Esa búsqueda implica un sistema de intento y error. Sin embargo "esos errores" con los que nos tropezamos a lo largo de nuestras vidas, tienen un papel importante en nuestro proceso de aprendizaje del amor. Sin esos "errores" nunca podríamos entender lo que significa realmente ser amado y distinguir a aquel que verdaderamente nos ama de aquel que no. Los "errores" de mi vida me enseñaron con golpes lo que no es el amor. Por eso yo ya no los veo como errores, si no como lecciones de vida necesarias para mi crecimiento espiritual y emocional.
Cuando alguien dice que tiene mala suerte en el amor, no significa que Dios o el diablo han conspirado para hacerle sufrir. Alguien que siempre parece tropezarse "con la misma piedra", es alguien que no ha podido aprender la lección y que estará destinado(a) a repetirla una y otra vez hasta que por fín aprenda. Algunos aprenden rápido, mientras otros nos quedamos repitiendo el año por varios años. Pero los más desdichados son los que nunca aprenden y se pasan la vida sin aprender nunca a amar, ni ser amados realmente.
Es difícil entender esta realidad cuando el amor te duele tanto y piensas que morirás sin esa persona a tu lado. Cuando estamos en ese proceso de aprendizaje, no podemos entender porque no podemos ser felices con aquel que amamos y por tanto nos empeñamos en perseguir (repetir) una ilusión inalcanzable. Intentamos por todos los medios de hacer que las cosas "funcionen", de omitir cosas hirientes y de olvidar mentiras dichas. Continuamos nuestro tortuso camino sin saber que somos nosotros mismos los que nos estamos causando ese dolor. Los consejos de otros nunca nos valen, porque esas son lecciones que nadie puede tomar por nosotros; esa verdad solo la podemos descubrir por si mismos. Se dice que el que no escucha consejos no llega a viejo, pero yo creo que el que no vive no llega a viejo. Lo importante es llegar a viejo y saber lo suficiente como para dar esos consejos.
Por eso debes disfrutar de cada momento excitante y arrollador en tu vida. Respirar la pasión desenfrenada del amor. Llorar lágrimas amargas de desolación y desengaño. Beber "
la copa rota" con el veneno de un mal amor. Cantar mientras lloras la canción que te recuerda ese ingrato amor. Despertar en sus brazos y pensar que durará toda la vida... Esos son momentos que guardarás por el resto de tu vida, no para tener un recuerdo triste, sino para tener prueba de que viviste y aprendiste...
Quiero hoy decirles a aquellos que me dieron duras lecciones... Gracias, porque
por su maldito amor... Hoy soy muy feliz...
Eramos Tres
por Lina Maria
José Fernando empezó a jugar un juego peligroso conmigo. Un juego que me mantuvo atada a él por más de dos años. El sabía que yo estaba enamorada de él hasta el tope. El mantenía mis ilusiones vivas y nunca tuvo la sensatez de decirme la verdad de sus sentimientos. Cada vez que intenté (débilmente) de alejarme de él, él siempre volvía a buscarme y a darme esperanzas de un amor que nunca se haría presente. Iba a mi casa a hacerme visita como cualquier novio. Saliamos e ibamos a todas partes juntos; incluso todos en la universidad pensaban que eramos novios, pero él nunca me presentó como su novia. La novia que él tenía ya había terminado con él y el me dijo que la nota que yo pensé era para mi, era para ella, pero que nunca la recibió. Así que yo pensé que tenía el camino libre para conquistar su corazón. Que equivocada estaba.
Yo pensaba que la novia con la que el había terminado era una niña que estaba en undécimo grado, con la cual el había sostenido un largo noviazgo desde su época en el colegio. Sin embargo, la dueña de la famosa nota no era ella. Era otra persona que estaba más cerca de lo que yo pensaba. Adriana me lo había dicho, pero yo en mi insensatez y embrutecimiento de enamorada no la escuché. El tiempo pasó y Adriana no me volvió a repetir la verdad porque ya era demasiado tarde para mi. Yo continué mi relación con él sin saber que estaba predestinada al fracaso.
Un día, me dí cuenta de la verdad y me cayó como un balde de agua fría. Alguien que yo pensé era mi amiga, me había mentido todo el tiempo. La amiga de doble cara que nunca tuvo el valor de decirme que ella era la dueña de la nota y el corazón de José Fernando, no solo me hirió el orgullo sino el alma. A pesar de mis anteriores fracasos amorosos, nunca perdí la ingenuidad y la confianza en la gente. Por eso esa traición me dolió tanto. Pero aquí el más cobarde fué José Fernando, quien me usó en más de una ocasión para darle celos a ella. Ahora entendía su "indesición" y porque nunca me presentó como su novia. Por eso iba y venía sin más. Tenía miedo de quedarse sin ella o sin mi y por eso le resultó más fácil mantenernos a las dos atadas a él.
Terminé mi amistad con la amiga de doble cara, pero José Fernando trató de continuar su "amistad" conmigo. Ellos mantuvieron un noviazgo que solo duró dos meses, porque ella terminó traicionándolo con otro. Que ironía.
Tiempo después de haber roto su noviazgo, vi a José Fernando empezar a salir con una compañera de estudio. Alguien vino a mi para decirme que yo había sido acusada de haber llamado a insultar por teléfono a su nueva novia. Nunca me sentí mas humillada. No solo me miente por dos años, sino que ahora tenía la desfachatez de creer que yo hubiese sido capaz de hacer semejante bajeza. ¿Si no insulté a mi amiga, porque iba a insultar a una desconocida? Cuando ví a José Fernando, hablé con él y le dije lo decepcionada que estaba de él. Yo pensé que al menos era mi amigo, pero me di cuenta que esta clase de hombre no sabe lo que es una amistad. Dejé de hablarle y mi corazón empezó a sanar. Ya nunca pensaría más en el.
Este sapo siempre fué sapo.
Inesperado Encuentro
por Lina Maria

Como quien sucumbe a la anestesia, la oscuridad se apoderó de mí; ya no oía las voces ni veía los cuerpos terrenales y mis párpados se cerraron lentamente. Desperté en otro lugar. Un lugar extraño donde el sol era tan brillante que me dolían los ojos. No tenía ropa y aunque no hacía frió yo temblaba. Había un lago que resplandecía con los rayos del sol y hacía lucir todo alrededor como si fuese de oro. Caminé un rato buscando a otros seres vivientes, pero no encontré a nadie. Finalmente, cansada y angustiada me senté a llorar. Minutos después, escuché pasos y por el rabillo de mi ojo ví las patas de lo que parecía ser una garza. No me moví, ¿Qué me podía hacer una garza? Sentí como me rozó la espalda con su ala. Me dijo ¿Por qué lloras? Yo le contesté que tenía miedo de la soledad y de no poder regresar a mi mundo. La garza me dijo que no me preocupara. Mi visita al Lago de la vida era solo temporal. Me habían traído allí porque necesitaba hablar conmigo. Yo le pregunté que de que quería hablar. El extraño pájaro me dijo que yo sabía perfectamente de que se trataba. Me dijo: "llevas varios años dándole de largo al asunto y nosotros creemos que estás más que lista". Yo le pregunté, "¿Nosotros? ¿Cómo así nosotros?¿Quien más está inmiscuido en esto?". La garza me respondió: "¿pues quien más? El dueño del Lago de la Vida; el creador del Universo, ese que tu llamas papá Dios". "Ah! Ya lo imaginaba" dije yo, "Sé que él lleva tiempo esperando mi respuesta. Por favor dile que aún me siento lista". La garza me dijo: "De eso tenía que hablarte. Tu tiempo se agotó y ya la decisión no está en tus manos".
Al oir las palabras de la cruel garza comencé a llorar de nuevo y le dije a gritos que no estaba lista, pero lo repetía más para convencerme a mi misma que a la garza. Entonces la miré por primera vez de frente y al ver su figura de patas largas y blanco plumaje sentí que perdía el aire. La garza no era una garza, era ese temido pájaro al que le venía huyendo hace tantos años y grité aterrada. El pájaro entonces se sentó al borde del lago, esperando a que me calmara y me dijo: "ven tómate un baño en las aguas doradas del Lago de la Vida. Te sentirás mejor". Me sentí como hipnotizada por sus palabras y caminé hacía el lago, sumergiéndome lentamente en él. Sentí como las aguas doradas y cálidas del lago envolvían mi cuerpo como una manta. Cerré mis ojos y traté de no pensar en las palabras del pájaro. Por mi mente pasaron todas aquellas noches en las que peleé con los monstruos bajo mi cama y como uno de ellos antes de desvanecerse me dijo que aún tenía que confrontar otro miedo. Yo sabía de que hablaba, pero traté de ignorarlo por todos estos años.
Escondiéndome bajo la coraza de una mujer que sabe lo que quiere, traté de convencerme a mi misma y a los demás que ese miedo no existía. Pero el pájaro al que tanto le temía siempre se me aparecía en sueños para hacerme la misma pregunta: "¿Estás lista?" y yo lo espantaba. Ahora incluso papá Dios tuvo que intervenir y no puedo espantar al pájaro en su mundo. Cuando estaba a punto de dormirme mientras flotaba en el lago, sentí las patas de la cigüeña posarse sobre mi estómago y me dijo, “en nueve meses me verás de nuevo” y voló lejos. Yo cerré mis ojos y me levanté en mi mundo, sabiendo que ya no podía correrle al emplumado animal...
cigüeña
sueño
vida
En Otro Planeta
por Lina Maria
Hoy no me siento bien. Me siento como en otro planeta y en otro cuerpo. Quiero respirar profundamente pero los pulmones no me responden. Tengo el peso de un pesado bloque de cemento en mi pecho y mi cabeza da vueltas. Quisiera poder dormir hasta que despierte en un lugar donde no exista el dolor, pero me da miedo no poder regresar. Me gustaría terminar mis historias pero no se si regrese de este viaje a la otra dimensión... Cada vez los veo mas lejos, cada minuto me siento fuera de mi, me pierdo, me desvanesco, me voy.
El Oso Mayor
por Lina Maria
Me enamoré como una tonta sin pensarlo dos veces. Perdí mi cerebro y mi corazón pensaba por mi. Pero el corazón no está hecho para pensar, solo para sentir y por eso perdí Matemáticas 1. José Fernando era muy alegre y sociable. Le gustaba jugar microfutbol y vestía camisas de rayas horizontales. Tenía el pelo largo atrás al estilo
Andrés Escobar y a mi me parecía divino. Adriana me dijo que el tenía novia y que no me ilusionara, pero ya era demasiado tarde, yo estaba perdida en el amor. Lo más grave del asunto es que la personalidad de José Fernando podía ser malinterpretada por una romántica incurable como un índice de interés sentimental. Por eso yo pensé que yo también le gustaba a él. El se portaba muy bien conmigo, se sentaba junto a mí en clase, me hacía reir, etc. Incluso me escribía notas en clase como si fuésemos dos colegiales. Que romántico!
Un día en el laboratorio de Matemáticas 1, tratando de hacer los ejercicios para el examen, yo no me podía concentrar. A mi lado estaba José Fernando, quien estaba muy ocupado escribiendo lo que parecía ser una nota de amor. Mi corazón palpitaba fuertemente y tenía miedo que él lo escuchara. Adriana trataba de ayudarme con los ejercicios, pero sus esfuerzos fueron en vano. Cuando José Fernando terminó de escribir, puso la nota en mis manos y me pidió que la leyera. A mi se me fue la respiración y mi cara se tornó de mil colores. No lo podía creer, finalmente me declaró su amor en esa nota. Cuando la terminé de leer, se me fueron las palabras y no se me ocurrió nada más que decirle, que me diera un beso. El me miró un poco confundido y por eso le repetí que me diera un beso. José Fernando, obviamente apenado no supo que decir y me dijo que le mostrara la nota a Adriana para ver que pensaba ella. Fue aquí que me dí cuenta, que la nota no era para mi y que el solo me la pasó para que le dijera que pensaba de la misma. Quise que la tierra me tragara, pero no sucedió en los 10 largos segundos que transcurrieron. Salí corriendo para el baño de mujeres y Adriana salió detrás de mí.
En el baño comencé a llorar de la vergüenza. No solo hice el oso mas grande de mi vida, si no que le hice saber que estaba enamorada de él. Adriana trataba de calmarme, controlando su natural impulso de reírse a carcajadas. Ella trataba de descifrar como fue que yo pensé que la nota era para mi, cuando era “más que obvio” que era para su novia. Pero Adriana no sabía que lo que era obvio para ella, no lo era para mi. Nunca se me pasó por la mente que la nota fuese para otra que no fuera yo; ¿porque la puso en mis manos y me dijo que la leyera, si no era para mi? Del baño no quise salir por casi 1 hora, hasta que mi cara se desinflamara y tomara un color que no fuese rojo.
La primera vez que ví a José Fernando después del incidente me provocó ser invisible, porque en sus ojos veía un aire de complicidad y picardía. Sin embargo, desde entonces comencé una extraña relación entre el si y el no con José Fernando. Nunca fuimos novios, pero tampoco fuimos “solamente amigos”. Nos besamos un par de veces y otro par de veces fueron intentos fallidos. El primer intento fallido fue mi culpa, porque el se estaba acercando para besarme y yo levanté mi cabeza y le dí un cabezazo. La otra vez fue por él y sería la última. La dueña de la nota por la que hice el oso mayor, rondaba su vida sin yo saberlo…
Continuará...
anécdotapersonaloso
Lentes Color Rosa
por Lina Maria
Al bajar de la torre de Rapunzel para ir a la universidad, tuve que ingeniármelas para evitar que la realidad me causara un infarto. Debido a mi romanticismo incurable, la realidad podría causarme la muerte. Diseñé unos espejuelos preciosos de color rosa para hacer la realidad más fácil de soportar. Los lentes tenían la capacidad de transformar lo ordinario en extraordinario, haciendo aparecer todo ante mis ojos con destellos de luz y belleza. Pero los lentes tenían el efecto secundario de transformar lo verdaderamente extraordinario en ordinario; lastimosamente esto no lo supe hasta mucho tiempo después, cuando ya era demasiado tarde.
Muy contenta con mis lentes color rosa, apliqué para entrar a la universidad. Fui aceptada en varias, pero me decidí por la que estaba cerca de mi casa y donde estaban mis amigas. A los 17 años no sabía lo que iba a hacer con el resto de mi vida, (para ser sincera a los 30 aún no lo sé) por lo que fui víctima de mi propia inseguridad y me metí a estudiar una carrera de la cual no tenía la menor idea, solo porque mis amigas estaban ahí. Terminé estudiando Tecnología Industrial sin saber de que se trataba, ni para que servía. Allí una de mis amigas del colegio, Marcela, me presentó a Adriana. Nos hicimos amigas casi inmediatamente, pues compartíamos el amor por la escritura y sufríamos del mismo mal; el romanticismo incurable. Ella también tenía lentes color rosa puestos. Los lentes de Adriana no transformaban lo ordinario en extraordinario, pero bloqueaban o hacían invisible todo lo que pudiese ser hiriente. El efecto secundario de los mismos era que bloqueaban casi todo haciendo el mundo muy pequeño y solitario; es una fortuna que los espejuelos no me hayan bloqueado a mi. Así comenzamos nuestra larga amistad y nuestro tortuoso camino por los laberintos educativos de la vida, donde los encuentros cercanos del tercer tipo serían tan comunes como una tarde lluviosa en Pereira.
El primer encuentro cercano del tercer tipo, ocurrió durante una de las primeras clases de contabilidad. Por supuesto, este encuentro tuvo mucho que ver con el hecho de que tenía puestos los benditos lentes color rosa. Recuerdo que el profesor de contabilidad era muy serio y estricto; la clase de profesor que le pide a uno que se vaya de la clase si no está prestando atención. Sentada en mi pupitre, mientras intentaba tomar notas, me dí cuenta que al otro lado del salón alguien me sonreía. Al fijar mis ojos en él por primera vez, ví un aura resplandeciente a su alrededor y su sonrisa derritió mi corazón. Me enamoré en aquel instante y jamás volvería a prestar atención en la clase de contabilidad. Su nombre era José Fernando, aunque lo llamábamos por el apellido, pero no lo voy a repetir aquí para respetar su privacidad y la mía. El y su amigo Felipe conocían a Adriana desde el semestre de Tecnología Eléctrica que hicieron juntos antes de cambiarse a Industrial. Adriana me lo advirtió, pero yo no la escuché. Yo solo oía un coro angelical en presencia de José Fernando y cuando no estaba con él me la pasaba soñando con nuestro matrimonio y los nombres de los hijos que íbamos a tener. Los lentes color rosa me hicieron enamorarme desmedidamente y fui incapaz de recuperar la cordura. Se me olvidó hasta mi nombre.
Continuará...
Monstruos Bajo La Cama
por Lina Maria
Copyright: Ayda Meisami
(Inspirado por Alvaro Rolando)
Aconsejo a los niños menores de 30 que lean esto con la supervisión de un adulto... Desde pequeños nos hemos preguntado, ¿que vive bajo nuestra cama?. ¿Que es lo que provoca los ruidos que escuchamos por las noches? ¿Por qué crujen las paredes y se abren puertas sin haber viento? ¿Qué hay tras la cortina? ¿Qué se esconde entre las sombras? ¿Que nos descobija y se encarga de hacernos pasar las peores noches de nuestras vidas? ¿Quien o que esconde nuestros zapatos, calcetines y llaves? ¿Que nos hace perder el dinero y hasta la memoria? No se les puede creer a los adultos cuando dicen que no hay nada bajo la cama, pues solo lo dicen para tranquilizarse a sí mismos. La verdad, y espero que estén listos para ella, es que bajo nuestras camas viven monstruos horripilantes. Monstruos que salen por la noche para observarnos dormir y respirar con su fétida boca en nuestros oídos. Ellos son quienes provocan nuestras más angustiantes pesadillas. Esos monstruos nos acechan desde nuestra mas tierna edad para robarnos la calma, la seguridad y la valentía; sus alimentos favoritos. Lo peor de todo es que los adultos saben que los monstruos existen, pero a veces la única manera que tienen de espantarlos es negar su existencia. Pero ellos viven ahí; acechándonos.
Yo viví engañada por mis padres acerca de la existencia de los monstruos hasta que tenía 11 años. Una noche de esas en las que solía llamarlos a gritos para que espantaran los monstruos, ninguno de los dos llegó a mi rescate. Pasé una noche horrible, donde las sombras de los monstruos invadieron mi cuarto y sentía cada uno de sus pasos más cerca de mi cama. Quería gritar, pero aún si gritara, nadie me iba a oir. Estaba sola. Cogí valor y encendí la luz de la lámpara en mi mesa de noche y solo así pude conciliar el sueño. Pensé que los había vencido, pero a la siguiente noche regresaron. Cada que llegaba la oscuridad era un tormento, porque sabía que los monstruos no fallaban a su cita conmigo. Fueron noches nefastas, donde no podía ni respirar y cerrar los ojos constituía darle luz verde a las peores pesadillas de mi imaginación. Me tapaba la cabeza con la cobija para no verlos, pero yo los oía y los sentía. Trataba de negar su existencia, pero me era imposible; yo sabía que no eran fruto de mi imaginación. Durante mucho tiempo no fui capaz de dormir y envidiaba a los otros niños que tenían a sus padres para espantar a los monstruos. Un día cansada de no poder dormir en paz, decidí que iba a expulsar a los monstruos yo misma.
Esa noche apagué la luz de mi lámpara por primera vez en mucho tiempo y no me tapé la cabeza con la cobija. A las 12 de la noche sin falta, escuché al primer monstruo tratar de asustarme haciendo crujir las paredes. No voy a mentir, mi corazón palpitaba tan rápido que pensé que se iba a salir de mi pecho. Luego el segundo monstruo movió la cortina y se metió bajo la mesa de noche. Sacando valor de donde no lo tenía les hablé por primera vez. Les dije: “salgan, yo sé que están ahí. Ya no me asustan, y la verdad estoy cansada de que hagan tanto ruido”. Hubo un largo silencio y no respuesta. Entonces bajé de mi cama y me agaché para mirar debajo de ella. Ahí estaba uno de ellos atrincherado. Le dije: “salga, no sea cobarde o ¿es que me tiene miedo?”, luego toqué en mi mesa de noche como si fuese una puerta y le pedí al otro monstruo que saliera. Pasaron 2 largos minutos y al fín salieron de su escondite. En verdad eran horribles, olían a mil diablos y eran tan aterradores como los había imaginado, pero de alguna manera se veían más pequeños. Entonces les dije que se sentaran que íbamos a tener una larga charla. Ellos se miraron el uno al otro con incredulidad, como quien dice “¿y esta humana insignificante que se cree?, pero extrañamente me obedecieron.
Lo primero que les pregunté fue porque lo hacían, porque venían cada noche, hacían tanto ruido y me causaban tantas pesadillas. El monstruo más viejo me dijo algo que me dejó pasmada. Dijo: “tus nos llamas todas las noches con tu miedo. El miedo llama al miedo de los miedos; ese soy yo y ese es mi nombre. Soy tan viejo como la primera pesadilla”. El segundo monstruo era un poco más joven pero no menos feo y me dijo que se llamaba el “
miedo a crecer” y que se aparecía casi siempre con “
miedo de los miedos”, pues era su papá. Les dije que era hora de que se fueran; yo ya no tenía miedo del miedo, ni miedo a crecer. Pero como ellos se alimentaban de mis dudas y mi inocencia, no se querían ir y tuve que pelear con ellos varios dias. Fué una batalla épica en la que perdí mi inocencia, pero finalmente comprendieron que yo ya no les tenía miedo y por lo tanto ya no podían venir sin ser invitados. Ya los monstruos no me molestarían nunca.
A algunas personas les toma años reconocer que los monstruos existen y muchos otros mueren sin enfrentarlos. He decidido contar mi historia y acabar con las mentiras de una vez por todas. Los monstruos existen y solo se pueden vencer reconociendo su existencia y confrontándolos. De otra manera, seremos niños atemorizados por el resto de nuestras vidas. Lo mejor es que apaguemos la luz y enfrentemos los monstruos de una vez por todas.
monstruos
cuento
oscuridad
inocencia
La Madrastra
por Lina Maria
Mi hermanito y yo corríamos a escondernos tras mi papá para que la furia de ella no nos alcanzara, pero muchas veces el no estaba para salvarnos. Mi hermano y yo peleábamos mucho y por ello siempre nos ganábamos sus estrictos castigos. Muchas veces fuimos los causantes de peleas entre mi papá y ella, porque el nos defendía y ella sentía que el le restaba "autoridad". Nunca entendimos a que autoridad se refería, si nosotros ya le temíamos como si fuese un monstruo que nos iba a devorar.
Nuestra madrastra nunca trató de envenenarnos con pociones mágicas, pero si logró amargarnos la vida en más de una ocasión. Ella fue la culpable de nuestro abandono en el bosque lleno de fieras, convirtió a mi papá en un hombre sin razón de ser y a mi hermano en un hombre con el alma perdida. Ella siguió su camino muy campante como si no hubiese destruido lo más preciado que teníamos; nuestra familia. Pero lo peor de todo es que sabiendo el daño que causó jamás se arrepintió. Aún hoy utiliza el peor de sus artificios para enmascarar una verdad que mi hermano y yo conocemos muy bien; utiliza su poder de manipulación sentimental para hacernos sentir culpables por su "desdicha". Es un poder mágico que muchas madrastras han utilizado por siglos para atar los corazones de niños inocentes.
Aún recuerdo cuando regresamos a casa después de haber pasado años en cautiverio en el bosque. Cuando mi hermano no quiso regresar conmigo, a mi me tocó enfrentar a la madrastra sola. Fueron años de incertidumbre y ruina moral. La mitad de las lágrimas que derramé durante mi adolescencia se las debo a ella. Si a cenicienta la trataban como una sirvienta, yo fui una esclava de una mujer sin escrúpulos. Vestía andrajos por ropas porque ella "no tenía suficiente para mi" ni en sus arcas materiales, ni en las espirituales. Me ví forzada muchas veces a servirle a sus "ilustres" invitados. Hombres tan viles que no se pueden ni mencionar, cuyo único propósito era robar un poco de la fortuna que ella aparentaba poseer, pero que nunca llegó a tener. Yo estaba atrapada en una jaula pestilente, sin una aparente salida. Ahora me doy cuenta, que mi hermano tomó la decisión más inteligente al no querer regresar. Pero yo no tenía otra salida, a mi no me adoptaron los reyes de otra comarca como a mi hermano. Ni mi propio padre, ni mi madrina fueron capaces de salvarme de esta tragedia. De esta suerte solo podía salvarme yo.
Después de varios años en los que muchas cosas pasaron y que aún no es tiempo de contarlas, le pedí a mi madrastra el único favor que me concedió en su vida; la libertad. Ella me dio la llave de la jaula e incluso empacó mis maletas y me dejó ir. Pero no sin antes amarrar mi corazón a su puerta. Aunque viva en un reino lejos de ella, con un príncipe soñado, su influencia aún afecta mi vida. Se que es egoísta, se que es manipuladora, pero en el fondo yo sé que hay algo de buena en ella. Y es que es difícil entender que aunque jamás ha querido a nadie más que a si misma, es mi madre y no puedo dejar de quererla. Es triste reconocer que mi propia madre es la madrastra de este cuento...
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