por Lina Maria

Nadie cambia de la noche a la mañana. Todo proceso de cambio requiere tiempo y paciencia. Solo mirando atrás me doy cuenta que mis vicisitudes eran parte de un proceso gradual. En aquel entonces deseaba intensamente que llegase alguien a romper la crisálida por mí, como el cuento que de vez en cuando recibo por e-mail. Sin embargo, el hecho de haber tenido que afrontarlo todo sola, me ayudó a formarme como ser humano independiente.
Vivir en Nueva York por mi propia cuenta puso a prueba mi carácter. La soledad de verdad me golpeó tan duro que estuve a punto de agarrar mis maletas y devolverme para Colombia. La indolencia de aquellos a quienes me encontré en el camino me causó muchas tristezas. Muchos hampones y estafadoras disfrazados de amigos pretendieron despojarme de lo poco que tenía. Hubo épocas en las que tenía que dormir con la escopeta bajo la almohada. No, definitivamente no fue fácil el proceso de aprendizaje y crecimiento. Me costó mucho. Me costó la inocencia.
La muerte de mi abuelita me ayudó a reflexionar sobre mi propia mortalidad y a evaluar lo que había hecho con mi propia vida hasta ese entonces. Teniendo muy presentes las palabras de mi anciana, que "Dios escribe líneas rectas por líneas torcidas", comprendí finalmente porque sufrí todo lo que tuve que sufrir. Comprendí porque tuve que soportar las decepciones que tuve que soportar. Los días y meses que pasé llorando y rezando por mi abuelita, me dieron a entender que uno es infeliz porque quiere. Las verdaderas tristezas uno no las busca, como yo buscaba y encontraba a los hombres equivocados.
Las lágrimas que yo lloré por ellos, las lloré porque quise llorarlas. Yo sabía casi desde el principio, con cada uno de ellos, que nunca iba a funcionar. Esas fueron tristezas que yo me busqué. La muerte de mi abuelita me enseñó que uno solo debe llorar por aquellas personas que realmente te quieren y te quisieron. Aquellas personas que extrañarás inmensamente aún más con el pasar de los años. No vale la pena llorar y sufrir por alguien que mañana seguramente olvidarás y tendrás dificultad de recordar su rostro. Con el pasar del tiempo, esos rostros se convierten en sombras y hasta se confunden entre si.
Salir de mi crisálida me tomó varios años, pero cuando estaba lista para salir fue un acontecimiento sorprendente. Sentirse libre y dueña de si misma es una experiencia incomparable. La felicidad de haberme encontrado a mi misma y a mi inspiración me hacía resplandecer. Finalmente pude extender mis alas y observar mis propios colores. Empecé a volar y volé muy alto... Desde arriba se observan las cosas mejor.

















Que bonito, de nuevo repito que uno se burla cuando dicen que "perder es ganar un poco". PEro si que lo fue en tu caso.
Y más bonito porque ando en ese proceso. Apenas capullo, pero en esas estamos.
Gracias por compartirlo, e inspirarnos.
me da fuerza e inspiracion para mi vida....