Perros no Arrepentidos
por Lina Maria

Hubo una época en la que cada noche me soñaba que iba de viaje en un tren. Al parar este en una estación yo me bajaba. Luego consternada descubría que el tren me había dejado. Otras veces en el mismo sueño, el tren no me dejaba, si no que tomaba el tren de regreso por equivocación. A veces el tren era substituido por un bus, pero siempre pasaba lo mismo. Lo más angustiante de este sueño es que no había manera de tomar de nuevo el tren o bus en el que viajaba originalmente. Todo lo que llevaba conmigo, mis pertenencias y los que viajaban conmigo se perdían para siempre. Me levantaba angustiada y se me dañaba el día... "¿Que significado tendrá este sueño?" Pensaba para mi misma. Mas adelante sabría lo que mi propio subconsciente me quiso advertir.
Antes de la muerte de mi abuelita, hice un viaje a Colombia. Un
viaje con regreso claramente planeado después de mas de tres años sin ver a los míos. Pedí permiso en mi trabajo para estar en Colombia un mes. Estaba feliz haciendo los preparativos para volver a ver a mi familia, mis amigos y… bueno, especialmente a
Juangui. El y yo mantuvimos correspondencia electrónica y el siempre decía estar "esperando" mi regreso, aunque el sabía perfectamente que yo no iba a regresar. Estaba ansiosa por experimentar mi nueva libertad enfrente de el. Quería mostrarle a el que yo no era la misma niña ingenua de la que el se aprovechó. Iba a enfrentar cara a cara al verdugo de mi pasado.
Mi regreso a Colombia fue todo un evento. Estaban todos esperándome en el aeropuerto. Estaban mis padres, mi hermano, mis amigas y el? No, el no estaba. Mi mamá me dijo que el la llamó para disculparse porque tenía que trabajar en su tesis de grado... Las alarmas comenzaron a sonar internamente y yo ya sabía que ese toro iba a ser difícil de lidiar. Este era un enemigo formidable de mi adquirido recientemente amor propio. Me prometí a mi misma que iba a mantener la compostura y a usar las armas que traía en la maleta para desterrar a los piratas de las buenas intenciones.
La misma noche del día de mi regreso, vino el. Recuerdo que sentí como si se me hubiese aparecido un fantasma. Sentí mucho miedo, pero a la vez mucha curiosidad. La curiosidad dicen que mató al gato, pero en este cuento, casi me mata a mi. Juangui lucía como la última vez que lo ví, tal vez un poco mas flaco, pero es posible que mi imaginación lo haya engordado con el tiempo. Creo que el me miraba a mi con la misma curiosidad. "¿Será la misma o ha cambiado?" Probablemente pensaba para si mismo. Yo estaba empecinada en demostrarle cuanto había cambiado, pero se me olvidó poner atención al hecho de si el había cambiado. La respuesta no se hizo esperar. Juangui me confesó que desde hacía 5 meses sostenía una relación mas o menos seria con una niña que estudiaba en la U. Católica y que por eso no había ido al aeropuerto, porque "ella estaba celosa"... Confieso que quise abofetearlo de nuevo, pero me aguanté y le dije "Hay Juangui, tu no cambias..." Lo triste del cuento es que en ese instante fue que me di cuenta que yo tampoco había cambiado... (Continuará)
No Mires Atrás!
por Lina Maria

Recuerdo que cuando estaba pequeña una de las historias de la Biblia que mas me impresionó fue la de la mujer de Lot. Para aquellos que no son cristianos, ateos o que se volaban de las clases de catequismo: Dios le dijo a Lot que iba a destruir Sodoma y Gomorra y que el y su familia podían escapar pero no debían mirar atrás. La mujer de Lot se convirtió en estatua de sal por desobedecer ese mandato. Esa historia se me quedó grabada porque me parecía muy injusto eso. Pobre mujer, ¿acaso una no tiene derecho a si quiera mirar atrás para ver que fue de sus amigos y su tierra? Pero las monjas nunca lo veían de esa manera, ellas nos refregaban esa historia en la cara como ejemplo de lo que puede acarrear ser desobediente. Para mí esa historia significaba que Dios lo castigaba a uno por sufrir de nostalgia.
Ahora que tengo un par de años encima y un poco mas de experiencia, finalmente puedo entender porque Dios le ordenó eso a Lot. Dios les dio la oportunidad de escapar de la inmundicia en la que vivían y mirar atrás significaba volver a caer en la misma después de obtener la redención. Sin embargo, a muchos de nosotros nos ha pasado que miramos atrás y resultamos quemados en las llamas de Sodoma y Gomorra. Peor aún, es aquellos que quedan convertidos en estatua de sal como la mujer de Lot. Al menos a Lot se lo advirtieron de antemano. El resto de nosotros tenemos que tomar el riesgo.
Por eso hay un dicho muy cierto en mi tierra, "para atrás ni para tomar impulso". Lastimosamente eso es algo que uno tiene que aprender por cuenta propia. Todo este preámbulo para contar porque fue que después de mi asombrosa
"recuperación", decidí dar una miradita atrás. Casi me convierto en estatua de sal. (continuará...)
A Sol y Agua
por Lina Maria

Mi abuelo siempre decía que "el café es plata a sol y agua". El se refería a que los agricultores estaban a la merced del clima. Uno prepara el terreno, abona y fumiga contra pestes, pero el resto depende del tiempo y sus inclemencias. De nada valen tantos cuidados y preparativos por largos meses, si de repente cae una tormenta de granizo y arruina el cultivo en un solo día o si no llueve nunca y las matas se secan. Sin embargo esto nunca hizo que ni mi abuelo, mis tíos y mi padre dejaran de sembrar café. Ellos creían que por una buena cosecha en el año valía la pena arriesgarlo todo. Ellos nunca dejaron de sembrar porque tenían confianza que iban a tener éxito en sus cosechas. Miedo si tenían, pero eso no los detuvo. Dios los premió con muchas cosechas buenas. Las granizadas y sequías fueron pocas en sus vidas, pero incluso después de grandes pérdidas, siempre volvieron a poner el granito en la tierra.
El miedo paraliza. El miedo le impide a uno volver a arriesgar el corazón y ponerlo ahí afuera "a sol y agua". Pero no arriesgarlo significa nunca cosechar el amor. Mi corazón fue terreno baldío por muchos años. Años en los que me sumí en un letargo imposible de definir. Pero cuando finalmente salí de ese letargo, me dí cuenta que tenía que sacar el corazón al sol. Lo desempolvé un poquito, lo puse en un matero muy bonito, le eché agüita y lo aboné. Con un poco de temor y mucha esperanza lo puse en mi ventana para que lo bañara el sol y el agua de las nubes.
Unos cuantos pajarracos se acercaron y quisieron picotearlo, pero los espanté de un manotazo. La plaga vino e hizo de las suyas, pero mi corazón la resistió. Una tormenta amenazó pero jamás se hizo presente. Fué una época emocionante, donde lo aposté todo sabiendo que podía perder, pero tenía la esperanza de que iba a recibir ganancias substanciales. Día a día la semilla iba germinando... Sabía que iba a ser una buena cosecha...
La Crisálida Rota
por Lina Maria

Nadie cambia de la noche a la mañana. Todo proceso de cambio requiere tiempo y paciencia. Solo mirando atrás me doy cuenta que mis vicisitudes eran parte de un proceso gradual. En aquel entonces deseaba intensamente que llegase alguien a romper la crisálida por mí, como el
cuento que de vez en cuando recibo por e-mail. Sin embargo, el hecho de haber tenido que afrontarlo todo sola, me ayudó a formarme como ser humano independiente.
Vivir en Nueva York por mi propia cuenta puso a prueba mi carácter. La soledad de verdad me golpeó tan duro que estuve a punto de agarrar mis maletas y devolverme para Colombia. La indolencia de aquellos a quienes me encontré en el camino me causó muchas tristezas. Muchos hampones y estafadoras disfrazados de amigos pretendieron despojarme de lo poco que tenía. Hubo épocas en las que tenía que dormir con la escopeta bajo la almohada. No, definitivamente no fue fácil el proceso de aprendizaje y crecimiento. Me costó mucho. Me costó la inocencia.
La muerte de mi abuelita me ayudó a reflexionar sobre mi propia mortalidad y a evaluar lo que había hecho con mi propia vida hasta ese entonces. Teniendo muy presentes las palabras de mi anciana, que "Dios escribe líneas rectas por líneas torcidas", comprendí finalmente porque sufrí todo lo que tuve que sufrir. Comprendí porque tuve que soportar las decepciones que tuve que soportar. Los días y meses que pasé llorando y rezando por mi abuelita, me dieron a entender que uno es infeliz porque quiere. Las verdaderas tristezas uno no las busca, como yo buscaba y encontraba a los hombres equivocados.
Las lágrimas que yo lloré por ellos, las lloré porque quise llorarlas. Yo sabía casi desde el principio, con cada uno de ellos, que nunca iba a funcionar. Esas fueron tristezas que yo me busqué. La muerte de mi abuelita me enseñó que uno solo debe llorar por aquellas personas que realmente te quieren y te quisieron. Aquellas personas que extrañarás inmensamente aún más con el pasar de los años. No vale la pena llorar y sufrir por alguien que mañana seguramente olvidarás y tendrás dificultad de recordar su rostro. Con el pasar del tiempo, esos rostros se convierten en sombras y hasta se confunden entre si.
Salir de mi crisálida me tomó varios años, pero cuando estaba lista para salir fue un acontecimiento sorprendente. Sentirse libre y dueña de si misma es una experiencia incomparable. La felicidad de haberme encontrado a mi misma y a mi inspiración me hacía resplandecer. Finalmente pude extender mis alas y observar mis propios colores. Empecé a volar y volé muy alto... Desde arriba se observan las cosas mejor.